Las imágenes que podemos ver en cualquiera de las muchas exposiciones de fotografía, que se ofrecen constantemente, o en cualquier medio de difusión, periódicos, revistas, etc..., o bancos de imagen digital, han dejado de representar, como se creía en el pasado, una realidad precisa, ya no proyectan verosimilitud sobre la realidad que representan.

El concepto “realidad” ya no se asocia en la mente de ningún espectador experimentado, con la imagen de ningún cuadro, foto, etc, que se nos puedan presentar como resultado de una búsqueda de lo real. La imagen como fenómeno de lo real tangible está en entredicho.

Es por esto y otros aspectos pictóricamente hablando, que cualquier pintor que se presente como realista, debe afrontar el discutible hecho de la imagen como un medio y solo como un medio para llegar a un fin que ofrezca otra realidad alternativa y más proclive a la representación, simbólica y más plena por tanto de aspectos puramente pictóricos.

Susana Ferreira busca y así se aprecia en su evolución, una idealización y superación de la realidad aprehendida en su experiencia, callejera o monumental, de la imagen al hecho pictórico; una búsqueda que no cesa ni puede ser agotable.

Las sensaciones y emociones que nos presenta al tacto, o a la vista, intentan la plenitud, la culminación por su expresión personal a través de los medios que emplea, en un ejercicio que categoriza nuevas formas. El fracaso de la mímesis de la realidad impone el principio del éxito de la resistencia del arte ante la vulgarización de las imágenes.

Camino arduo para todos los que andamos en esto, que en sí mismo es ya una búsqueda y un fin sin exclusión. El éxito de Susana Ferreira es su vitalidad y persistencia, la sensibilidad y el hecho mismo de pintar más allá del horizonte, siempre más lejos.

Prólogo de Alejandro Quincoces